| Los derechos humanos como estrategia de aprendizaje. Retos de su apreciación |
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| Viernes, 26 de Diciembre de 2008 22:49 | |||
Por Marcos Marín Amezcua 1. El concepto en la actualidad Los Derechos Humanos –En adelante DDHH-, suponen en nuestra época un discurso necesario, un interés creciente, una búsqueda de equidades imperiosa. En pocas palabras, suponen un inalienable estatus del Hombre y un reconocimiento a su dignidad y prerrogativas per se. Los DDHH han sido invocados desde mucho tiempo atrás, pero no el suficiente como para revelar la tardía toma de conciencia por parte de nuestra sociedad respecto a la importancia de su defensa, protección y promoción. Una vez que han encontrado su sitio en el quehacer jurídico, ha sido absolutamente imposible retirarlos u omitirlos. No me refiero naturalmente, a que sean poco importantes, de ninguna manera; sino me refiero a la complejidad que su defensa ha supuesto para quienes en ella han abonado años de muchos esfuerzos, buscando su sitio en Occidente hasta que la sociedad contemporánea asume que hay derechos inalienables que no se les pueden conculcar a capricho de gobernantes ineptos o corruptos, que los atropellan con impunidad escandalosa y determinantemente sujeta a persecución, o de quienes, aun por desconocimiento, pasan de ellos en detrimento de las mayorías. Ni América Latina ni el mundo en general ponen en entredicho la validez, necesidad y conveniencia del respeto a los DDHH. Algunos, no puedo precisar si son mucho o pocos, aún debaten cuáles son los DDHH, que listado es el válido y , por qué no, cuál es el verdadero alcance doctrinario del concepto que ha sido incorporado a muy diversos órdenes jurídicos. Y no han terminado la tarea, empero están trabajando en ellos sin que estos suponga detener la instalación de los mismo en nuestras sociedades. Cabe decirlo desde ya, una tarea que no es fácil al tiempo que buscamos consolidar la democracia plena. Así, se han creado multitud de instituciones, procuradurías, visitadurías, comisiones generales y especiales que promueven vigilan y defienden el respeto y la preservación de los DDHH. A ello se añaden cátedras y materias especializadas en el tema que se imparten en instituciones de muy diversa naturaleza, cuyo concurso contribuye también a que se tome conciencia entre las nuevas generaciones acerca de la existencia, importancia y necesidad de contar con éstos en nuestras sociedades modernas.. Se ha buscado con mediano éxito, que la mentalidad de las sociedades contemporáneas incluya la idea firme y delimitada claramente de la importancia que representan los DDHH, y no cabe duda de que la sociedad mexicana en particular, ha recorrido un largo camino, tortuoso hay que reconocerlo, por defender y preservar estos principios. A cambio, se ha instalado una cada vez mayor defensa de los mismos y se asumen los retos aún pendientes. El debate en México sobre este tema ni se rehuye ni se adultera. Se expone en abierta libertad y se da seguimiento por parte de la sociedad civil al desempeño que el tema pueda registrar y a la evolución de su tratamiento y consideración, en que los medios de difusión masiva juegan además un papel destacado llevando un mensaje de concientización a la sociedad en su conjunto. La atención y defensa comprometidas, desde instancias oficiales –que es muy importante, sin duda-, como desde la sociedad civil, involucran tanto a nacionales dentro y fuera de nuestras fronteras como a los extranjeros que pasan por nuestro país. México ha sido pionero en la defensa de grupos de refugiados, y atiende también los reclamos de colectivos más pequeños o personas en lo individual. Ello es producto de una sociedad más concientizada, que no consiente ni solapa de manera plausible ni conformista, el atropello de estos principios jurídicos. Lo importante no es que se violen los DDHH, sino que se persiga su violación y no se permita de ninguna manera una impunidad insultante a la dignidad humana. En poco más de una década, México ha buscado y encontrado fórmulas más o menos eficaces para canalizar las inquietudes sociales respecto al respeto que los DDHH y ello ha derivado en una sociedad más vigilante, demandante de la protección a los mismos y promotora convencida –hago hincapié en esto último-, del conocimiento detallado en lo que quepa, de los DDHH que, dicho sea a veces, parecen una frase hecha que valor netamente comprendido, es decir, que no se conoce en detalle el importante mensaje que conlleva. El mundo de hoy nos pone en alerta de su situación actual. Las grandes democracias , otrora promotoras de prácticas ajenas ala dignidad que supone el concepto aquí analizado, cuestionadoras implacables de quienes no seguían ni respetaban los DDHH –pretexto extraordinario para intervenir en los asuntos de otras naciones, enmascarado con tales DDHH pretensiones avariciosas nada humanitarias de su parte-, han demostrado su desprecio abierto y a veces disfrazado de supuesta legalidad, hacia este acalorado y sensible tema cuando es ajeno a sus intereses. Ello también hay que señalarlo, pues nuestros países a veces hacen más por los DDHH que las grandes democracias que se vanaglorian de ello. 2. Los retos de la promoción de los DDHH. Hoy es difícil encontrar quien posea la calidad moral para erigirse como verdadero defensor y promotor altruista, desinteresado y comprometido con la defensa de los DDHH. Lo convulsa de nuestra época hace que las cosas vengan así. Por ello, cobra especial importancia que la promoción de los DDHH se efectúe en nuevos campos, que no se limite a la academia, que es un buen principio pero resulta ciertamente insuficiente. No negaremos con ello la infinidad de grupos y personas que día con día luchan por esa preservación de la legalidad que supone el respeto a los DDHH, así como ese respeto por la diferencia, por el desvalido, por el distinto, que conlleva mantener y resguardarlos. Sigue siendo tarea pendiente el que toda la sociedad tenga acceso a una adecuada impartición de justicia, tarea compleja por la realidad propia de nuestras sociedades, pero que mantiene vivo el anhelo de alcanzarla. Los DDHH han alcanzado un reconocimiento notable en nuestras sociedades. Aun así, todavía han de promoverse de manera más eficaz. No bastan los institutos que los defienden ni las promociones verificadas hasta hoy. Son pasos importantes pero aún debemos buscar nuevos espacios para promover el buen ejercicio de su defensa y conservación. Lo que queremos decir es que, por un lado, el mundo más a optado por pasar por encima del respeto a los derechos humanos, abrazando fundamentalismos, lo mismo en Occidente que en Oriente, que al mismo tiempo retoma paradójicamente su apoyo a organismos defensores de los mismos o se pretende dar pautas para establecer cuáles DDHH se defienden y cuáles no, identificando las deficiencias del casa en concreto. Al mismo tiempo, por contradictorio que parezca, se ha procedido a especificar DDHH propios de ciertos géneros como los niños, las mujeres, las minorías sexuales o étnicas. ¿Cómo se casa todo esto? El proceso puede resultar sumamente complejo. Puesto que mientras consolidamos la idea de los DDHH inherentes a nuestra condición de ciudadanos libres y afianzamos organismo de alto nivel y desempeño, a riesgo de burocratizar los, tenemos una sociedad muy demandante de su respeto y resguardo. Por ello es necesario plantearnos si los cauces establecidos hasta hoy, son en verdad del todo eficaces, o merecería la pena estatuir nuevos ámbitos que, más allá de la promoción de los DDHH, permitirían a la sociedad acceder a los mismos. Al cuestionar lo anterior, también cabe hacerlo a la academia. ¿Basta la academia para sentar bases que permitan a la sociedad sumir a plenitud los DDHH? es necesario preguntarnos si de verdad estos esfuerzos académicos resultan a la larga suficientes. 3. El reto de la enseñanza de los DDHH como un cambio de mentalidad ¿Estamos en presencia de un reto extraordinario cuando hablamos de enseñar el concepto y los valores que conllevan los DDHH? La respuesta es que sí. La educación y la cultura debieron ser los cimientos de nuestro desarrollo latinoamericano. Desafortunadamente no fue así por distintos avatares de la Historia, no por una falta de conciencia social, pues la sola formación de nuestros países desmiente a quien pretende señalar que si los DDHH se defendieron tardíamente en la región, fue debido a nuestra supuesta incapacidad para autogobernarnos. Tales afirmaciones venían de naciones que, puestas a la cabeza de la civilización occidental, lo mismo eran traficantes de esclavos que inventoras de bombas de destrucción masiva, fomentadoras del racismo más vergonzante y poseedoras de sentimientos de superioridad racial practicados, a todas luces lejanas de ser humanitarias. Por el contrario, los excesos del poder, la marginación de nuestras sociedades dependientes de desarrollos externos, facilitaron la tardía atención de este concepto, ahora universalmente aceptado desde la declaración de 1948. Empero, no podemos olvidar que el Conferencia Panamericana celebrada en la ciudad de La Habana, Cuba, en 1939, 9 años antes que se firmara la Declaración Universal de los DDHH, ya habíamos firmado la Declaración Interamericana de los DDHH, estando años a la vanguardia en su promoción, a iniciativa de los países latinoamericanos, cuando estaba a punto de estallar la Segunda Guerra Mundial, cuya crudeza y excesos motivaron a la firma del documento de 1948. Para quien quiera verlo, América Latina es no solo promotora pionera de los DDHH, sino una defensora diaria de su respeto, precisamente por ser el triste escenario de su violación. A veces, a riesgo de ser acalladas las voces que así actúan, lo que revela una plena conciencia en la defensa de los mismos y a la par que se domina el indeclinable anhelo por el respeto de los mismos, pese a quien le pese, y contra viento y marea si así se presentan las situaciones. Lo que no está en duda es que hay plena conciencia de la importancia que el respeto decidido a los DDHH cabe en nuestras sociedades, que apuestan por desarrollos sustentables, viables y democráticos. Y todo indica que la academia no es la principal canalizadora de tales anhelos no ha sido la única promotora de su consolidación. Ante este panorama, ¿Están las academias formando profesionistas concientes de los DDHH? ¿Asistimos a formaciones académicas promotoras de los valores que suponen los DDHH? ¡Acaso no están formando profesionistas cuyas actividades no se relacionan con la defensa y promoción de los DDHH? Es vedad que las universidades están incluyendo una materia que verse sobre el tema de DDHH, pero realmente qué tanto se avanza en el tema si este se circunscribe únicamente a la carrera de Derecho, al aula o dicho de otra manera, cómo involucraríamos a quienes no pasan por el aula, por la carrera de Derecho, por las razones que sean, si limitáramos la visión del asunto a que se debata su promoción intramuros de las universidades. La academia no puede suponer logrado su objetivo en esas condiciones, si insiste en quedarse en cuatro paredes. Debe ser caja de resonancia de lo que sucede a su alrededor. El proceso de la promoción seguirá a todas luces lento e insuficiente de no hacerlo así. Debemos pasar de una defensa en pequeño a una verdadera política de estado en materia de defensa real y eficaz de los DDHH. Las universidades deben ser promotoras, instigadoras de esa promoción y vinculación de los DDHH dentro de nuestra cambiante sociedad. Invitará a la sociedad a expresar su sentir, sus inquietudes al respecto. 4. Acciones necesarias para una eficaz promoción y defensa de los DDHH en nuestros países. ¿Estamos haciendo lo necesario? Promoveremos los DDHH y a su vez tomamos conciencia de su alcance e importancia? Es importante que los abogados, quienes somos humanistas por formación y debemos serlo por convicción, no podemos dejar de lado la promoción y defensa de los DDHH, pero no por conocerlos, sino por considerarlos importantes, necesarios en nuestra vida cotidiana. Los abogados, herederos como somos de las más ínclitas profesiones que deben su solera a la más refinada actividad intelectual en Occidente, y la Universidad misma, cualquier universidad, que siempre ha de cambiar la vida y la amanera de ver la a quienes han cursado por sus aulas, tenemos frente a nosotros no sólo un compromiso ineludible de enseñar los DDHH, sino de buscar fórmulas novedosas para instruir su conocimiento. Los DDHH deben ser, ante todo, una manera de vida y sabemos esto no es fácil, debido a las grandes carencias que nuestros países adolecen desde antaño, con otros problemas que parecen prioritarios, recordándonos que asistimos de manera permanente aun círculo vicioso: No primamos los DDHH pues apremian otros asuntos, y estos se presentan precisamente por atropellar los DDHH. Por ellos no podemos quedarnos en listados de nuevos propósitos ni tampoco podemos suponer que nuestra única misión es una difusión universitaria, circunscrita a las aulas. América Latina enfrenta muchos retos. Los abogados asistimos, somos testigos en primera fila de grandes cambios que requieren de nosotros, de manera inevitable, pero que no pueden prescindir de los DDHH, que han de incorporarse como parte de nuestra visión de mundo y nuestra idea clara, importante, de nuestra vida intelectual y cotidiana en general. Sin peder de vista que esa posibilidad debe extenderse a las demás áreas de la sociedad. Los DDHH aparte de incorporarse como materia lectiva de nuestros estudiantes, han de ser presentados como algo imprescindible en nuestra vidas, por lo cual se requiere el concurso sin cortapisas de todos quienes están involucrados en la educación, pues es verdad que al hacerlo, terminaríamos por extrañarlos si no los vemos de marea palpable. Los DDHH no pueden seguir ni en los altares ni como fetiches que invitan a invocarlos pero no invitan a conocerlos. En ello han contribuido las universidades, acaso por omisión, que no han buscado de manera consciente si incorporación a la vida común, ayudando a que recordemos los DDHH cuando hay escándalo de por medio. Hemos supero la duda por saber si los podíamos incorporar como una materia de la currícula que debe seguir cualquier estudiante, y ahora debemos pasar a una nueva realidad ¿Cuál? Pues aquella que implica de manera natural a los propios DDHH como parte bien integrada de nuestra cultura, como parte de nuestra vida cotidiana jurídica cotidiana. ¿Es posible? Quizás sea complejo, peor posible seguro lo es. 5. Conclusión La sociedad cada día que pasa es más vigilante, lucha por sus derechos, establece límites al poder público y canaliza, a veces a costa de grandes esfuerzos, los intereses que requiere resguardar, a pesar de oligarquías o grupos que cierran el paso a ciertas reivindicaciones. Las universidades pueden ser promotoras abiertas, neutrales a los vaivenes políticos que usufructúan el tema. Sería el nuestro un gran escenario para saber, para pulsar el estado que guardan los mismos, los que implican invertir en investigaciones, en espacios de expresión y en canales para distribuir la información vertida al efecto. Proponemos dar pasos firmes en esta dirección.
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| Última actualización el Viernes, 26 de Diciembre de 2008 23:03 |