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Un Código básico para estudiar a México (primera parte) PDF Imprimir E-mail
Martes, 23 de Diciembre de 2008 15:11
Por Marcos Marín Amezcua
Publicado en la revista DATAMEX, de la Fundación Ortega y Gasset en Madrid (Abr/2008)

Cuando uno se aproxima al estudio sobre México, conviene tener presente su historia nacional. Al menos la que lo ha forjado en los últimos cinco siglos. Ello si se pretende tener un enfoque completo, serio, mesurado y científico sobre su desenvolvimiento y su devenir históricos. Ello a su vez, con el único fin, insoslayable, de alcanzar a comprender mejor el desarrollo de México como país y las razones del mismo, encuadrándolo con una más adecuada técnica y unas más definidas precisiones, tanto académicas como prácticas.

No puede esperarse más, pero tampoco puede pedirse menos a los estudiosos de México y por supuesto, hay que pensar en los politólogos. No es un asunto de lealtades o simpatías que se guarden respecto a este país americano, sino que es simple y llanamente lo mínimo que puede esperarse de quienes se han adentrado en su estudio, interesándose por su desarrollo en distintos rubros del quehacer nacional mexicano y con el fin de contextualizar sus notas al respecto. No es un trabajo inútil o estéril y puede ser en cambio, sumamente provechoso.

Lamentablemente, en más de una ocasión se observan más fobias que filias, más imprecisiones que aciertos en el tratamiento de los temas nacionales. No supone decirlo para que se clame por una postura a su vez inadmisible y subjetiva: que como México no hay dos. Nada más lejos de ser así. Pero sí es pertinente señalar que sus antecedentes históricos no pueden omitirse y el que estén íntimamente relacionados con su propia circunstancia y por ella misma, es que cabe contextualizar el estudio del caso específico que se formule. Y ciertamente, ello es necesario y debido en buena medida, a que por la no ponderación de ciertos parámetros que aquí se expondrán, se puede torcer o no alcanzar una conveniente visión del país y una exposición del tema concreto mucho más adecuada y enriquecedora.

Mas siempre hay la oportunidad de marcar un sendero por el cual ha de transitarse con mejores resultados en la búsqueda del conocimiento sobre México.

¿Qué atrae a los estudiosos de México para dedicarse a ese país? ¿Qué ponderaciones convienen tener presentes al momento de acercarse a la dinámica de esta nación iberoamericana, puntera de su región? ¿Qué consideraciones y elementos de peso la determinan y la condicionan? ¿Qué la circunscribe dentro y fuera de su región histórica?

Esta nación situada geográficamente en América del Norte, con poco mas de tres mil kilómetros de frontera terrestre con los EE.UU., la primera potencia mundial y dique cultural entre la América hispana y la anglosajona; que mira al Pacífico, al Golfo de México y al Mar Caribe, con cien millones de habitantes, primera nación hispanohablante del mundo y la segunda en número de católicos, situada entre las quince primeras economías mundiales y que presenta un perfil diverso, variopinto, es definida como el país más indigenista y más hispanista de América, país de contrastes también se la llama, que ofrece a quien a México estudia un panorama que bien puede calificarse como de un complejo dinamismo.

Pero no puede quedarse en un somero y superficial análisis el perfil de este país, al mismo tiempo dinámico y que mira al futuro y que también está profundamente enraizado en su propia historia.

En este breve estudio se proponen ocho criterios básicos a considerar cuando se habla de México y se entresacan de él los elementos más significativos que han condicionado su desarrollo.

El presente análisis omite deliberadamente la vecindad con los EE.UU. como un factor de peso a considerar para valorar su desarrollo. Tres razones soportan esta omisión para no centrar en ello la catalogación del Estado mexicano:

a)    No siempre fuimos vecinos de aquel país ni aquel siempre ha sido la primera potencia ni ha sido siempre nuestro mercado natural ni siempre el receptor de nuestros emigrantes.

b)    Cuando México alcanzó su independencia y a lo largo del siglo XIX, perfiló unas características que en mucho se heredaron del proceso colonial, pero no se vislumbraba en todos los casos ni de lejos, la influencia de los EE.UU.

c)    Si hiciéramos de la vecindad con los EE.UU. el único eje de cualquier estudio sobre México, dejaríamos de lado ponderaciones igual de significativas, y acaso más, mismas que como podrá verse en el presente texto, son muy importantes como para que las eclipse una primera observación de la dependencia y cada vez más la acuciosa y presente interdependencia registrada entre ambos países, un punto que en cualquier estudio bilateral también debe ya de asumirse. La interdependencia no dará marcha atrás.

 En resumen, no se asume esa compleja y nada fácil relación con los EE.UU. como si fuera la única que ha dado su perfil a México por no haberlo hecho y que tampoco puede ser ni es el único parámetro para diagnosticar cualesquiera razones para interpretar percepciones o estudios profundos acerca del desenvolvimiento de la república mexicana.

Por el contrario, tras de exponer los siguientes ocho puntos y sus correspondientes incisos, podrá esclarecerse que este país se encuentra tan inmerso en su región geográfica como en la histórica, que sigue siendo puntero de la región y pieza clave de su siempre fallida y retrasada integración, que su peso obedece en mucho a estas ponderaciones y que además, estas ponderaciones a citar le han conducido a ponerse distancias de su propia región gracias a su desarrollo histórico, toda vez que por el contrario, con ciertas ventajas y por el propio devenir de su historia, ha avanzado más pronto en muchos rubros comparado con las hermanas repúblicas hispanoamericanas que incluso, apenas inician ciertos debates que México se ha planteado hace al menos un siglo. Al menos, por decir algo.  

Entonces ¿existen otras consideraciones que permitan plantear un esquema adecuado para estudiar a México y que también lo condicionan? Así es. Con ellas se destaca por qué México guarda la posición aventajada que tiene en muchos rubros y se intenta explicar con ellas el por qué es así. En el presente artículo se hará mención a cuatro de ellas, dejando para una segunda entrega las siguientes cuatro. Las primeras a saber, son:

a)    La Nueva España, ahora México, fue la posesión de la corona española más articulada, poblada, rica y constituida al momento del inicio de su período independiente.

b)    México mantuvo largos periodos bajo un mismo régimen, pese a las intervenciones extranjeras, las falta de continuidad de proyectos y las guerras civiles del siglo XIX.

c)    México separó a la Iglesia del Estado desde 1859, sin que se haya dado marcha atrás en esa decisión en el ir y venir de regímenes subsecuentes.

d)    México efectuó una revolución que barrió los últimos estamentos del periodo colonial y dotó al país de una nueva fuerza emprendedora, redefiniendo sus propios objetivos, condiciones sociales y proyectos, impulsándolo a un desarrollo intelectual y en infraestructura sin parangón en la región.

 Así, como sucede con todos los países, es menester iniciar conociendo un código mínimo que explique o, al menos, permita entender que cierto proceso interno obedece a su vez a otros procesos, que de manera directa o indirecta, condicionan a éste y lo determinan seguramente dentro de ciertos límites identificables o predecibles y explicables de alguna forma. Pasemos a desarrollar estos cuatro aspectos.

a)    La Nueva España, ahora México, fue la posesión de la corona española más articulada, poblada, rica y constituida al momento del inicio de su período independiente.

¿Qué explica el más óptimo desarrollo de México? En buena medida el hecho de que si se considera que de 16 millones de personas que habitaban la América Española en 1810, seis millones se encontraban en Nueva España, cuyas ciudades mineras, puertos y caminos la hacían un virreinato muy comunicado y con el mayor número de cofradías, universidades y centros de producción agrícola y minera, entonces no puede extrañarse que conservara junto con su unidad territorial (a diferencia de los otros tres virreinatos sudamericanos) cierta preeminencia, y partiera de una infraestructura más sólida que otros países recién surgidos para emprender su vida independiente.

Así, nació no inventándose para sí, no carente de tradiciones necesarias a formarse que estaban ya perfectamente incorporadas a su vida cívica y social; además de no estar carente de sentido de pertenencia. Su sociedad como nación estaba más articulada que la del resto de países vecinos y no contaba con potencias cercanas que lo condicionaran en su primer desarrollo.

En este mismo sentido, sus clases sociales pudieron preservar una unidad pese a sus orígenes raciales, en los que imperaba el mestizaje. No supuso todo esto un fácil ascenso de todos al gobierno, pero sí permitió mantener un discurso de unidad, que aunque incipiente, creo una identidad mexicana, encima fortalecida por las distintas invasiones extranjeras del siglo antepasado.

Asimismo, gracias a la red cultural dejada por el periodo colonial, ya era per se un país  generador de cultura (arte en todos su géneros) y pudo además, combinar la herencia inmediata con un ánimo por desentrañar su vasto pasado indígena, lo cual lo dotó como país de un enorme celo por su patrimonio, no exento de saqueo, destrucción y desestimación, por parte de propios y extraños, frente a la revaloración y enaltecimiento del mismo.

b)    México mantuvo largos periodos bajo un mismo régimen, pese a las intervenciones extranjeras, las falta de continuidad de proyectos y las guerras civiles del siglo XIX.

El país ha sido preponderantemente una república federal. No sin trasiegos, ni escollos, ha podido establecer, aun en los largos periodos de dictadura y de permanencia de un solo partido, un proceso de estabilidad suficiente para mantener su desarrollo en paz y si bien, no exentos de claroscuros, si transcurrió de manera constante. La inclusión de grupos en la toma de decisiones ha permitido un avance en el desarrollo nacional.

Ese resultado se palpa en el constante crecimiento, hoy desigual sin duda, que permite colocarse como país que afronta los retos sin partir de planteamientos ya resueltos en su azaroso pasado y procura no dejar de lado sus rezagos, con más o menos suerte y aun careciendo cada vez más de una meta definida y concertada con la mayoría. En pocas palabras, contando hoy con una visión de futuro muy polarizada.

c)    México separó a la Iglesia del Estado desde 1859, sin que se ha ya dado marcha atrás en esa decisión en el ir y venir de regímenes subsecuentes.

Es una de las condicionantes más importantes y que nos aleja de la media del mundo iberoamericano. No únicamente por el hecho en sí de tal separación, sino por la permanencia de esa medida y la aceptación que ronda al 90% de la población. Es previsible que el mexicano no ha modificado su percepción del fenómeno y su conveniencia. No perdió la fe por identificar como distintas la esfera pública de la religiosa. Admite que ningún culto esté por encima de la ley, la educación sea laica, la diferenciación entre lo público y lo religioso o de lo laico de lo confesional, los derechos de terceros y de la gran mayoría religiosa frente a los postulados del Estado. Sin duda, un pueblo creyente (la guerra de Reforma no menguó la creencia religiosa de este pueblo a veces más guadalupano que católico);y que la suma de todo esto nos permite identificar como en pocos sitios, la manifestación tangible de la máxima que rezas: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Que se ha nutrido todo ello de jacobinismo, sin duda, pero también ha permitido que a la carga de problemas del México contemporáneo no se sume el tema religioso. Valdría sí contar con autoridades más imparciales y vigilantes, que resuelvan conflictos menores. El principio heredado del juarismo, subyace, aún  matizado en las prácticas sociales, festividades y demás.

d)    México efectuó una revolución que barrió los últimos estamentos del periodo colonial y dotó al país de una nueva fuerza emprendedora, redefinitoria de sus propios objetivos, condiciones sociales y proyectos, impulsándolo a un desarrollo intelectual y en infraestructura sin parangón en la región.

La Revolución Mexicana fue la primera en su género en el continente, y dotó al país de condiciones favorables para reconocer el reparto agrario y los derechos sindicales, los derechos sociales y el discurso que revaloraba los principios tanto revolucionarios como indigenistas que dotaron a su vez al país de una capacidad reivindicativa de sus derechos sobre los recursos naturales y muy importante además, lo dotó de una identidad vigorosa y renovada volcada en las ciencias y las artes, el discurso político y el nuevo concepto de sociedad posrevolucionaria basada en valores unificadores y culturalmente difusores de la mexicanidad.

Con la suma de todo este bagaje, se alcanzó un intento de aceptación propia y de identificación no siempre es incluyente pero las más de las veces tolerante, que coqueteó con izquierdas y derechas, que propugnó por el desarrollo social y nacional, que albergó exilios iberoamericanos y defendió causas y posturas en el plano internacional. Ir a México en el siglo XX fue meta de ideólogos y artistas, exiliados y fundadores de movimientos sociales en Iberoamérica, impregnándose del cariz que la Revolución Mexicana le heredó, con sus luces y sus sombras.

La Revolución barrió los últimos modelos de producción al estilo colonial, redefinió la condición del individuo, favoreció su instrucción y lo desarrollo económicamente;  redimensionó la idea del poder político, consolidó conceptos tales como los desarrollados en los incisos b y c y proyecto al país hacia nuevos niveles de producción. 

A estos cuatro puntos, añadiremos otros que contribuirán a conocer mejor la realidad mexicana.

 

Última actualización el Martes, 23 de Diciembre de 2008 15:27